Saltando torniquetes

Me rehúso. Me niego absolutamente a aceptar que en estos días, aquellos quienes intentan ser mejores personas se encuentren en desventaja.Discrepo de quienes dicen que el mundo le pertenece a los “vivos” y que los demás se quedan hasta el final para repartirse las sobras.  No quiero, no puedo y no debo dar por sentado esta mentirosa verdad.

Todos los días, cientos de miles de personas se despiertan –poco importa la hora – a hacer frente a la vida. Las bocinas, el tráfico, las deudas, la falta de tiempo y sueño, a cambio de un par de certezas, el pan de mañana, la salud que tratamos de mantener, el bienestar de quienes amamos y –cuando se puede – nuestro desarrollo personal. Estos cientos de miles – poco importan las diferencias – se aventuran al juego de la vida a cambio de transacciones aparentemente viables, amor por amor, trabajo por bienestar, respeto por respeto,y así, un mercado completo.

La realidad es que las transacciones no siempre se dan, al menos cómo esperamos; me referiré a un ejemplo en particular, sepa disculparme el lector. Hace un par de días, un individuo aleteaba enérgicamente en medio de celulares enfocados y miradas curiosas. Federico – como llamaremos al desaliñado sujeto– se encontraba en estado de embriaguez y en medio de su travesía, violó un par de leyes de tránsito y puso en riesgo la vida de algunos cuantos. Pues sí, me refiero al individuo aquel – que probablemente habrá visto en redes sociales si está en Ecuador – que argumentando ser hijo de un general de policía y amenazaba a dos agentes que cumpliendo con su trabajo iban a detenerlo, por razones ya obvias.

Más allá de este ejemplo, más allá de la embriaguez de Federico,más allá de las cámaras y los curiosos, más allá de esta situación en general, ¿no es este un ejemplo más de un “vivo” capturado in fraganti? Al parecer sí. No vayamos tan lejos, la situación de Federico no es tan diferente de Carlos, que cobra a sus empleados una porción de su salario a cambio de estabilidad, a Lupe que le gusta saltarse los torniquetes en las paradas del metro; o de Claudia, que constantemente abusa de su cargo público para hacer favores a sus amiguitos. ¿Qué transacción puede haber entre quienes se esfuerzan para su examen y quienes simplemente lo copian? ¿Qué transacción puede haber entre el que confía y el que incumple?

Vamos, no me pongo purista, ni quisquilloso, pero me queda el sinsabor de aquellas veces en las que asentí en silencio las pequeñeces y me indigné por las mayores. Heme aquí, juzgando con doble racero dos caras de una misma moneda.

Querido lector, lo invito a que usted y yo miremos con más atención y que no permitamos que la ley de la jungla vuelva a ser ley. Como dijo el sabio: 


(…) serenidad para aceptar todo aquello que no puedo cambiar, fortaleza para cambiar lo que soy capaz de cambiar y sabiduría para entender la diferencia. Reinhold Niebuhr

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