Al son de los lunes


Veinticuatro, veintitrés, veintidós….

 El despertador sonó y mis oídos aún sienten su llamado. Anoche una interesante conversación con Wislawa hizo que las horas se fueran volando en medio de cientos de posibilidades.


Veintiuno, veinte, diecinueve… 

Las luces de navidad en el pórtico de Luis continúan parpadeando. Su luz parece un poco más tenue que anoche, como si luchara con la luz del sol por el privilegio de iluminar ese pequeño rincón.


 Dieciocho,diecisiete, dieciséis….

El efecto del café comienza a hacerse sentir. Pupilas dilatadas, sentidos activados sueños, despiertos y emoción a flor de piel.


Quince, catorce, trece…

– ¿Aló, mamá?…. Mis padres y están bien, los imagino, los pienso y por un momento siento que están físicamente conmigo.


Doce, once, diez…  

Los libros que llevo en mi maleta saltan sobre mi espalda con cada paso. Dos bolígrafos, un resaltador y un lápiz sin punta se suman al festival del brinco.


Nueve, ocho, siete, seis…

 Voy tarde, apresuro. Un paso tras otro, un día a la vez.


Cinco, cuatro, tres…. 

-¿Te dejo la puerta abierta?

-Sí, por favor. ¡Que tengas un buen día Lucía!


Tres, dos, uno… 

Llego al suelo de un salto. Las escaleras terminaron pero este lunes apenas comienza. No importa si hacia arriba o hacia abajo, las escaleras siempre estarán ahí.

Feliz semana a todos y gracias por tu tiempo.

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